Adam's Passion
Bob Wilson, director de escena. Arvo Pärt, compositor. Ambos se definen por una estética aparentemente simple con líneas rectas y simetrías perfectas, que reflejan la búsqueda de lo trascendente (podríamos decir que beben directamente de este entorno 0 que hemos hablado). Ambas poéticas apuestan por la dilatación temporal, el silencio y la pausa. En el caso de Adam’s Passion, el intérprete tarda entre 60 y 70 minutos en cruzar el escenario de un extremo al otro. Tanto en el tratamiento del espacio escénico, lumínico como sonoro, Adam's Passion remite una sensación de infinitud, un espacio sin límites ni referencias concretas. A diferencia de la pieza de Castellucci (espacio como umbral, territorio liminar) , aquí se expande hacia lo infinito y lo trascendente, abriendo una dimensión que parece situarse fuera de un tiempo concreto.